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anal con mi tia antes del cafe

por krista el 11-03-2011

Acabábamos de almorzar, mi tía, su marido y yo. Y comentábamos sobre las noticias del día y el pronóstico del clima para el día siguiente.
Mi tía se dispuso a levantar la mesa y yo la ayudé. Levantamos los platos y los vasos y los llevamos hacia la cocina. Su esposo se levantó de la mesa, acariciándose la barriga y exclamando un urgente deseo por dirigirse al baño. Tomó algo para leer y procedió.
En la cocina, con mi tía, nos dirigimos la mirada mutuamente, como buscando complicidad, en ese momento solo pensé en besarla y tocarla, pero noté repentinamente que ella pretendía más que eso, Entonces le consulté en voz baja: -Tenemos tiempo?
Ella contesta con una sonrisa casi burlona: – Por lo menos 20 minutos.
Porque ese ritual acompañado de alguna revista o texto de lectura, llevaba el tiempo adecuado y justo para completar nuestra aventura sin correr el mínimo riesgo de ser capturados en el acto.
En el preciso momento en que él ingresaba a su templo a realizar su ofrenda – a quien sabe que dios pagano- mi tía comenzaba a frotarme el sexo con su mano derecha por encima del pantalón, procurando encontrarlo ya a punto, para cometer el más reprimido de sus pecados, del que ahora era una adicta. Lo halló duro y en su máximo punto de excitación, entonces, bajó rápidamente la bragueta, lo retiro cuidadosamente y lo tomo con su mano deslizando el prepucio y dejando el glande al descubierto, procedió a ponerse de rodillas sin quitar su mirada de él, como hipnotizada y ansiosa. Apenas sus rodillas tuvieron contacto con las baldosas frías de la cocina, lo introdujo en su boca, entrecerró los ojo y dejó escapar un gemido -como los que uno exclama al probar un delicioso manjar- en una actitud de placer, todo con prisa pero con cuidado. Comenzó a succionarlo, besarlo, lamerlo con una ternura inimaginable, mientras yo la tomaba de su cabello rizado y acompañaba el ritmo del movimiento de su cabeza con mi mano derecha. Ambos moríamos de placer y ese placer se condimentaba con el peligro de ser atrapados.
Su marido continuaba con su ritual, podíamos escuchar casa sonido que provenía del baño, no habíamos cerrado la puerta de la cocina con ese propósito. Sabíamos que cuando escucháramos el agua del bidet, deberíamos rápidamente proceder a interrumpir nuestro acto pecaminoso, hubiese culminado o no. Pero al paso que íbamos, seguramente lo completaríamos con excito.
En cierto momento, cuando yo ya no podía resistir mas y lo expresaba con los gestos de mi cara, sin levantar mi voz exclamé: – Voy a terminar Tía! Ella me miro a los ojos, retiro el miembro de su boca y me dijo. –No mi amor, espera, quiero que termines en mi culo.
Inmediatamente se dio la vuelta, subió su pollera y bajó su bombacha, sostenía la pollera con manos y sus brazos y su bombacha quedo en uno de sus tobillos en contacto con el piso. Mientras levantaba la otra pierna para colocarla sobra la mesa de la cocina inclinándose sobre ella. Dejó para mí ese espectáculo expuesto ante mis ojos, maravilloso, Su culo -bien depilado- ya se encontraba húmedo por las secreciones de su vagina, de todas formas procedí a lubricarlo un poco mas con mi saliva, escupiendo directamente sobre él, e introduciéndola con mi lengua, el aroma que desprendía era exquisito.
Podíamos escuchar cada sonido del ritual y las exclamaciones de satisfacción que realizaba su marido al completar cada sacrificio. A un placer similar –y éramos consientes de eso- expondría a mi tía en ese mismo momento. El placer que le producían las evacuaciones a mi tío lo iba a experimentar ella pero de un modo inverso.
Así, al momento que se ano se dilataba para evacuar, el de mi tía se dilataba al recibir mi pene duro y mojado.
El placer, el dolor, el adulterio y la incestuosa perversión en su conjunto.
Ella cubría su boca con su mano izquierda, mientras que yo con la misma mano, la tomaba de sus cabellos y la embestía salvajemente sin temor alguno de que se escuchara el choque de nuestros cuerpos. Por la intensidad, sabía que pronto culminaría mi sacrificio, junto con el del esposo.
Y así, en el momento justo cuando él se disponía a realizar la ultima evacuación yo procedía a derramar mi semen caliente en el culo de mi tía, imaginando una expulsión tan fuerte que recorrería sus entrañas.
Justo en el instante en que cedieron los espasmos, coloque mi cabeza sobre su espalda, la bese. Solo escuche un casi imperceptible “Mi amor” de su boca y luego callamos, seguidamente escuchamos la cadena del inodoro y el agua del bidet -la limpieza del templo después del sacrificio-.
Nos acomodamos rápidamente, fui a sentarme al sillón, ella se quedó colocando los platos en el lavavajillas.
Acomodado en el sillón, con el control remoto en mi mano, pbservo salir al triunfante sacerdote del templo, con su texto sagrado bajo el brazo y con una cara de satisfacción y una sonrisa de oreja a oreja. No era para menos, había completado sus sacrificios con el mayor de los éxitos.
Lo miré a la cara y le expresé también mi satisfacción, pero, con certeza, puedo asegurar que la mía era mayor.
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Tags:    relatos eroticos   sexo anal   amor filial   con maduras   incestos  


COMENTARIOS

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jovenhotconganasdefollar  |  09-08-2011
esta muy bueno el relato saves es mejor cunado lo haces bajo alguna presion exita amas

renuevo  |  11-05-2011
Excitante relato, me gustó.


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